PerúJurídico.com.- Una verdadera Constitución es aquella que, además de consagrar regulaciones sobre los poderes supremos y las garantías o derechos esenciales, tiene un contenido vinculado a los más profundos valores de la democracia y la realidad de la sociedad a la cual se impone.
Ese es parte del legado de Karl Loewenstein (Múnich, 9 de noviembre de 1891), brillante filósofo y jurista alemán que murió un día como hoy, 10 de julio de 1973. Sus investigaciones sobre la tipología de las Constituciones y las diferencias entre las formas autocráticas y constitucionales de gobierno tuvieron gran impacto no solo en Europa, sino en América a donde tuvo que emigrar debido al ascenso del nazismo en su país natal.
Su gran contribución está plasmada en su libro titulado: Teoría de la Constitución, una extensa revisión de las Constituciones como instrumentos jurídicos que sirven para controlar el poder político. Según los expertos, el juego entre el poder y el control constituye la base fundamental de su teoría. Así, un Estado democrático se diferencia de otro autoritario en la existencia de instituciones que distribuyen el poder de forma equitativa para lograr un mayor control estatal, pero sin debilitar el legítimo poder del gobernante.
El autor sostiene que «En el Estado moderno, constitucional y democrático, la esencia del proceso del poder consiste en el intento de establecer un equilibrio entre las diferentes fuerzas pluralistas que se encuentran compitiendo dentro de la sociedad estatal, siendo garantizada la debida esfera para el libre desarrollo de la personalidad humana» (pág. 27).
Sin embargo, Loewenstein no se muestra muy optimista en relación con el ejercicio del poder, pues considera que encierra, en sí mismo, la semilla de su propia degeneración. Es decir, cuando el poder no está limitado se transforma en tiranía y en arbitrario despotismo. De acuerdo con la doble dimensión del poder según Aristóteles, podríamos pasar de las «formas puras» de gobierno (aquellas destinadas a servir al bien común de los destinatarios del poder) a las «formas degeneradas» (aquellas que responden al interés egoísta de los detentadores del poder).
El epigrama del historiador, político y escritor inglés conocido como Lord Acton lo resume de manera ingeniosa: «El poder tiende a corromper y el poder absoluto tiende a corromper absolutamente».
Por ello es tan importante el estudio de la Constitución, pues es la norma básica del ordenamiento jurídico de un Estado, la ley fundamental sobre la que se asienta un sistema democrático y la Carta Magna que establece la división de poderes y la forma en que se garantizan los derechos y libertades.
En momentos en que se habla de diversos temas constitucionales (como la vacancia presidencial, la Asamblea Constituyente, la bicameralidad, entre otros), recurramos a las enseñanzas de los grandes exponentes del constitucionalismo moderno.
Autor: Miguel D. Jiménez-Torres
