LA JUSTICIA DESDE EL ESTADO
Por Walter Gutiérrez. Decano del Colegio de Abogados de Lima
Veamos. La solución de la justicia no pasa “por más Estado”; en todo caso, no se trata solo de acelerar la aplicación del nuevo Código Procesal Penal, pues en la carga procesal (2 millones 500 mil causas) los juicios penales no representan más del 24%. Una verdadera revolución en la justicia pasa por promover una justicia alternativa, que propicie la participación de los particulares en la solución de los conflictos legales.
Miremos un ejemplo: el presidente ha informado que en el último año el sector Justicia ha “brindado gratuitamente un millón cien mil defensas de oficio”. Esto es un error, pues esa cifra es prácticamente el 100% de juicios que resuelve el Poder Judicial en dicho período. El error es mayúsculo, porque la defensa de oficio es un mecanismo de auxilio judicial que procede excepcionalmente en ciertas causas penales y de familia y, aun cuando los defensores de oficio se hubiesen multiplicado, en ningún caso habrían atendido dicho número de causas.
Pero, el problema de fondo está, como ya se dijo, en el planteamiento. No podemos esperar que el Estado, con su lentitud e ineficiencia (para no hablar de corrupción), siga atendiendo el 100% de la demanda de la administración de justicia. Debemos propiciar la participación de la sociedad civil. En el caso de las defensorías de oficio no hay ninguna razón para que estas no pasen a los colegios de abogados, de modo que no se siga engordando la planilla estatal, con lo cual se podría controlar mejor la labor de estos defensores.
Pero, sin duda el paso decisivo en la reforma de la justicia se daría con la implementación del arbitraje popular, mediante el cual jueces privados resolverían causas patrimoniales, conflictos de consumo y otras causas que desembocan en juicios contencioso-administrativos, porque con esta medida se reduciría más del 50% de la carga procesal, ganándose en eficiencia y ahorro de recursos.
De este modo, el Gobierno comenzaría a promover una verdadera reforma de la justicia que es la justicia alternativa. Así, el presidente, al final de su gobierno, podrá repetir lo que dijo en su discurso pero con un cualitativo añadido: “Yo me propuse ser presidente del pueblo frente al Estado y no al contrario”. Y lo habría cumplido.
13 de agosto de 2008

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